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4- Fe en que Hashem dirige el mundo הדפס דואל

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En esta tercera etapa nos ocuparemos de como Hashem dirige el mundo. Los sefarim hakedoshim dicen que hubo algunos equivocados que pensaban que aunque Hashem creó Su mundo, posteriormente entregó su dirección a las estrellas y constelaciones, y que Él, lo abandonó por completo sin quedar ningún tipo de relación entre ellos, jas veshalom. La avodá de la persona es aceptar en su mente y sentir en su corazón que Hashem no ha abandonado Su mundo ni por un solo instante, y que nunca lo hará. Todo creyente sabe bien esto, pero su avodá es asegurarse de que este conocimiento esté arraigado en cada fibra de su corazón, de manera de sentirlo en cada paso de su vida. Mediante este conocimiento, se fortalecerá su unión con el Creador.

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Ahora explicaremos, con  la ayuda de D-s, sobre como Hashem dirige el mundo. Generalmente,  los acontecimientos de la persona están divididos en dos grupos; algunas cosas son consideradas por el hombre menores y otras, mayores. Por ejemplo: comprar una casa, casarse, y otros por el estilo, los vemos como acontecimientos mayores.  No cambiamos nuestra casa todos los días, y por supuesto tampoco cambiamos fácilmente de esposa, jas veshalom.

En estos casos, y similares, muchas personas creyentes sienten la Providencia Divina y que necesitan Su ayuda, recurriendo a diferentes tefilot (oraciones) compuestas por los grandes rabinos, buscan segulot (métodos sobrenaturales), y tratan de sumar méritos. Pero cuando de la vida diaria se trata, en los acontecimientos pequeños que ocurren diariamente, la naturaleza de la persona lo lleva olvidar la verdad, que así como el matrimonio depende de Hashem,  también solo Él guía cada pequeño detalle de nuestras vidas, incluso el más pequeño e insignificante como por ejemplo, cuando la persona entra a una tienda a comprar una pequeña cinta grabada, verifica los distintos tipos, compara precios, calidades, y revisa una y otra vez, y por último compra, ¿piensa entonces que necesita la ayuda de Hashem, como lo recuerda al contraer matrimonio?, pero esta es su avodá - recordar quien dirige el mundo diariamente, aún en las cosas más pequeñas. Cuando recordamos esto diariamente, con todos sus detalles, viviremos una vida de fe, una verdadera vida unidos y apegados a Hashem.

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Profundicemos más en esta idea. Digamos que preguntamos una persona que está a punto de comprar una mesa, sillas, o algo similar: "¿Cree usted que realmente controla la decisión de qué tipo de mesa comprará, o cree claramente que la decisión no depende en absoluto de usted, sino que eso fue decretado por Hashem?". Pareciera que la mayoría de las personas, conocen la verdad de que ellas realmente no tienen la capacidad de determinar que mesa comprarán. Sin embargo, esto sólo está en su mente. No sólo está lejos del corazón, sino que ni siquiera está en nuestro consciente, y la persona no lo piensa, ni lo medita  como algo natural.

La avodá de la persona es entrenarse a pensar ante los actos pequeños, como la compra de una mesa, o sillas, y no correrá a la tienda sin pensar, sino que se detendrá y pensará un poco, meditando lo que está a punto de hacer. Considere si usted fuese quien decide lo que logrará en el acto que está a punto de realizar. Hable con Hashem  sinceramente,  después de pensarlo, y dígale: "Ribono Shel Olam (Amo del Universo), tengo pleno conocimiento que al comprar una mesa, no controlo en absoluto cual voy a comprar, sino que todo está decretado por Ti. (Sin embargo, mediante la plegaria la persona ciertamente puede realizar algunos cambios, como explicaremos ampliamente más adelante, con la ayuda de D-s).

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De este modo, la persona debe entrenarse gradualmente en cada detalle de su vida,  cuando está por comprar o hacer algo, pensar y ver si el asunto realmente está, o no  bajo su control, inculcando así en su interior los fundamentos de la fe simple y pura, especialmente que existe un D-s único, Amo del Universo, Quien es el único que determina todo. (La única excepción a esto es el temor al Cielo, como dijeron Jazal: "Todo está en manos del Cielo, salvo el temor al Cielo". [Berajot 33b] Durante largo tiempo debemos acostumbrarnos a realizar cada acto con fe, conectando de este modo,  todas nuestras acciones al Amo del Universo. Nuestra vida estará plena de fe, y todos nuestros actos estarán apegados al D-s Único, y mediante el hábito lograremos hacerlo  con naturalidad,  adquiriéndolo realmente en nuestra alma, con fe simple y pura, y se arraigará muy profundamente dentro de nosotros.

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Esta es la avodá de la persona, implantar profundamente en su interior que todo acontecimiento es determinado por Quien lo determina todo, el Único Amo del Universo. Tratemos de acercar al lector a este asunto, de tal manera que no sólo esté en su mente, sino también en lo más profundo de su corazón. En primer lugar, la avodá de la persona es anular el pensamiento, y luego el sentimiento de que él es dueño en este mundo, de que tiene cierto control sobre los sucesos del mundo.  Su avodá es desarraigar profundamente este sentimiento, destruirlo, y anularlo, hasta que verdaderamente sienta que no tiene control sobre más nada que el temor al Cielo, como dijeron Jazal: Esta es la única área del libre albedrío, cualquier otra cosa es determinada por el Único Amo del Universo.

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Está escrito: "Sabrás hoy y confirmarás en tu corazón" (Devarim 4:39). Esta es la base y la raíz de todo el proceso de avodá. Al principio, la persona trabajará con el: "sabrás hoy",  de manera que el concepto se grabe en su mente y sea conocido por ésta. Una vez esté claramente establecido y adherido en su mente, pasa al proceso de "y confirmarás en tu corazón", haciendo que se asienten en su corazón. Los sentimientos del corazón deben ser igualados con nuestro modo de pensar, de manera que reciban el "sabrás hoy" sin que el corazón lo obstruya, lo cual requiere pureza de corazón; estando puro y libre de la "orla" que lo cubría, evitando que la verdad entrara y lo guiará. Este es el proceso de avodá para cada nivel que la persona busca adquirir. Primero, está la etapa de "sabrás hoy", y luego, "y confirmarás en tu corazón".

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Existen dos maneras de efectuar la transición de la etapa de "sabrás hoy" a la de "y confirmarás en tu corazón", es decir adherir los conocimientos de la mente al corazón. La primera es mediante mucha reflexión sobre el asunto que deseamos adquirir, el cual puede hacerse fijando un tiempo diario para pensar profundamente al respecto. (Más adelante explicaremos las palabras del Ramjal en su libro Derej Etz Jaim, que toda persona debe dedicar una hora aproximadamente a la meditación). También puede hacerse a intervalos cortos durante el día, como una vez cada quince minutos, sobre el tema que deseamos adquirir (excepto cuando estudiamos Torá, como explicamos anteriormente).

La segunda manera es repetir muchas veces las cosas en voz alta, pues la palabra tiene el poder para inspirar el corazón, como explicaremos más adelante con la ayuda de Hashem.

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Ahora nos concentraremos en el método de meditación durante el tiempo que la persona ha dedicado a pensar. Enseñaremos de qué forma debe pensar para adquirir fe en la Providencia de Hashem sobre todos los detalles de la vida.

La persona debería dedicarle como una hora, tranquilamente sentado en su casa, y libre de distracciones mundanas, y comenzar su meditación preguntándose: ¿Quién vive en esta casa? Yo y mi esposa, y tal y tal". Luego, se preguntará: ¿Quién determinó que ella sería mi esposa? Fui yo, o fue el Ser Único - "Hashem" Debe hablar a modo de preguntas y respuestas (como explicamos anteriormente) y responderse: "Jazal, cuyas palabras son absolutamente ciertas, nos revelaron que cuarenta días antes de formarse el feto, una voz Celestial proclama: "La hija de este hombre se casará con tal hombre' (Sotá 2 a). Por lo tanto, El mismo Hashem lo determinó sólo Él. Siendo que este matrimonio fue determinado por Él, debo estar claro que todo resultado del mismo viene de Él; no existe tal cosa como que Hashem realice un acto y no esté detrás de todos sus resultados. Desde el principio, todo Le fue revelado, y esta fue Su voluntad, y cualquier resultado de este matrimonio son realmente Su voluntad.

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La persona debe seguir reflexionando: "¿Quién determinó que yo viviría en esta casa? Fui yo, porque busqué en muchos lugares y me gustó ésta, o lo determinó Hashem, como dijeron Jazal: "Una voz Celestial proclama: "¿Esta casa será de tal persona?" (Sotá 2 a). Debe considerar el hecho que intelectualmente ya conoce claramente que las palabras de Jazal son ciertas, pero no piensa mucho en ello. Simplemente están almacenadas en algún lugar de su memoria, y además, puesto que no piensa sobre esta verdad con frecuencia, su corazón no lo siente. Por el contrario, el corazón está más cerca de el sentimiento, "que lo determinó por sí mismo", y  al darse cuenta de esto, la persona logrará una sensación más clara de su condición: intelectualmente, él sabe Quien determinó cual sería su esposa y lugar de residencia, pero tiene dos problemas: (1) No piensa mucho al respecto; y (2) su corazón no lo siente. Después de darse cuenta de esto, se comprometerá a pensar más en ello y a trabajar en otros casos similares.

Al principio, debe rectificar el primer problema, por lo menos teniendo esta creencia viva y activa dentro de él mediante un pensamiento claro, puro y tranquilo, y luego, lentamente, el concepto se arraigará en el alma, y su corazón lo sentirá debidamente.

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Además de esta meditación, debe pronunciar verbalmente todos sus pensamientos, y repetir las palabras de fe, afirmando que sólo Hashem determina cada detalle. Debe repasar cada punto, uno después de otro, con mucha paciencia, porque esto tendrá un mayor efecto en el alma. (Hay dos maneras de hacerlo: Puede hablar sobre Hashem, diciendo que Él determina cada detalle, como éste y aquél, todos dichos en tercera persona. La otra manera es hablar con Hashem y decirle: "Tú, Hashem, determinaste mi esposa y mi casa", hablando en segunda persona. Esta manera es muy elevada, pues el objetivo de la vida de la persona es sentir que se encuentra ante la presencia de Hashem, pero si se le dificulta comenzar con esto, puede hablar en tercera persona).

 

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De este modo, la persona debe conversar los hechos de manera muy detallada, meditando sobre todo el conocimiento que ha acumulado, así como también pronunciar las observaciones que podrían, jas veshalom, oponerse a la fe simple: "Parece que yo decidí mi pareja conyugal y mi casa". Entonces, debe deshacerlos uno por uno, diciéndole a Hashem: "Aunque en mi corazón, parece que yo controlo, sé que eso no es cierto. Tú eres el Único Que decidiste que esa persona sería mi pareja conyugal y que yo viviría aquí". La persona debe trabajar sus reflexiones, revisando un detalle tras otro, como por  ejemplo reflexionar sobre la silla sobre la cual se sienta y la mesa que está al lado, y recordar paso a paso en su mente, el momento cuando fue a elegir determinado estilo y color de mesa y sillas. "De tal modo, superficialmente,  pareciera que yo decidí qué mesa y sillas comprar", luego debe continuar, reflexionar, y luego decir en voz alta: "Esto no es cierto. Sólo, Tú, Hashem, decidiste exactamente qué mesa y sillas compraría. Sin duda alguna, aunque yo haya elegido el color y el modelo, el fabricante produce muchas sillas como esa, entonces, ¿por qué me tocó a mí específicamente esa silla, o mesa? Esto sólo viene de Ti, Hashem, y Tú determinaste con precisión que objeto me tocaría". Igual debe pensar sobre el gabinete cercano, su camisa, sus zapatos, y así por el estilo, detalle tras detalle. Con cada detalle, debe repasar mental y verbalmente que solo Hashem decide precisamente que objeto le tocará, por ello debe mirar a su alrededor todos los objetos y acontecimientos experimentados, considerando cada detalle, e inculcando los fundamentos de la fe, la fe simple de que sólo Hashem decide cada detalle. Primero, lo repasará mentalmente, y después, lo pronunciará, como dijimos antes, bien sea en tercera persona ("Él") o en segunda persona ("Tú"), si está preparado para  eso.

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"Creí, cuando hablé" (Tehilim 116:10). Como explican los sefarim hakedoshim: "¿Cuándo creí? ¡Cuando hablé!" o sea, ¿cuándo la fe está profundamente implantada en el corazón de la persona? Cuando la persona mantiene la actitud de "porque hable", es decir, que acostumbró a su lengua a pronunciar siempre palabras de fe. Mientras más palabras de fe pronuncien además de su meditación, más profundamente se arraigará la fe en su corazón. Lo contrario también es cierto: "La fe se ha perdido; está cortada de sus bocas" (Jeremías 7:28). Como explican los sefarim, ¿por qué se ha perdido la fe? Porque está cortada de sus bocas.  Puesto que no se acostumbraron a pronunciar siempre palabras de fe además de pensarlas, la fe salió de su corazón, la profunda claridad de la luz de la fe se oculta y se esconde en sus corazones sin que viviera en ellos sinceramente.

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Estas palabras de fe tienen dos formas de expresión. Cuando hablamos con amigos, la fe debe tomar la posición principal y fundamental y nuestras palabras ir acompañadas por el espíritu de la fe. Pero eso no es suficiente, aun cuando la persona está sola, que de hecho es el mejor momento para inculcar la fe, debe hablar palabras de fe en todos sus detalles, como explicamos anteriormente. "También cuando caminaré por el valle de tinieblas,  no temeré al mal, porque Tú estás conmigo" (Tehilim 23:4). La persona siempre debe pronunciar palabras de fe, y siempre vivir con Hashem con fe pura, así, "También cuando caminaré por el valle de tinieblas,  no temeré al mal, porque Tú estás conmigo" la persona siempre estará en un estado de "porque Tú estás conmigo".

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El hombre se describe como alguien que reza (mav'e) en el versículo: "Si deseáis rezar, entonces reza" (Yeshayahu 21:12) - donde la palabra utilizada para rezar es "be'ayu". La función de la persona es ser un medaber (hablador), hablarle a Hashem y hablar sobre Él con palabras de fe pura y simple. Quien se acostumbra a hablar y hablar sin perder la esperanza, puede llegar a exaltados niveles de fe, adquiriendo en su alma la fe verdadera y pura. Todo ello mediante palabras simples de fe, no ideas difíciles, ni  sofisticadas, sino simpleza total. Esta es la esencia del alma judía - fe pura y simple en el Creador del Universo.

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La avodá de ella tiene dos tiempos, como explicamos anteriormente con cada aspecto de avodá: (1) Durante el tiempo diario que la persona dedica a la meditación; lo cual recién explicamos; y (2) recordar la Providencia Divina durante todo el día a intervalos cortos - cada quince minutos o media hora aproximadamente. El fundamento de esto es, en el momento que la persona se esfuerza por adquirir la fe, en esos meses, este asunto debe atrapar su corazón durante todo el día.  Si sólo trabaja en ello durante su hora fija asignada para la meditación, entonces habrá una interrupción de 23 horas hasta la próxima vez que piense al respecto. Nada  que no sea consecuente puede arraigarse debidamente en el alma de la persona, por lo cual debemos recordar durante el día el asunto que estamos trabajando.

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En el recordar la Providencia Divina durante el día existen dos aspectos; uno se aplica cuando no es un acontecimiento diario, y el otro a los acontecimientos diarios.

Comenzaremos con el primer aspecto. Por ejemplo, una persona va a comprar una mesa, sillas y afines. Lo correcto es que, antes de salir de la casa, debe meditar y luego decir en voz alta: "Voy a comprar una mesa y sillas. Pero en realidad no soy yo quien elige. Sólo Hashem decide que mesa compraré. Mis actos y elección no serán efectivos. Si no que, de acuerdo con el nivel y el esfuerzo requerido de mi, tengo que salir a elegir.  Esto es como dice el libro Mesilat Yesharim (cap. 21)  que aunque uno se esfuerce, debe saber que su esfuerzo no produce el resultado". Debe entrar a la tienda, con esa perspectiva.  Aun cuando esté en la tienda y comience a elegir la mesa y las sillas, debe recordar  bien que este acto de elección es "como el de un simio" (dirigido por una persona) sin control absoluto sobre él mismo, porque Hashem ya ha determinado cual será su mesa y sillas.

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Hemos dado el ejemplo de una mesa y sillas, pero obviamente, es sólo un ejemplo.  El punto es que la persona no debe comprar nada sin dicha meditación. Independientemente de lo que compre, bien sea un refrigerador, una máquina de lavar, un armario, o cualquier otra cosa, antes debe pensar bien, como explicamos anteriormente, y luego ir a comprar el artículo "junto con Hashem", no sólo, jas veshalom. La persona debe adquirir el hábito de no hacer el acto más insignificante sin antes meditarlo con fe. Quien así obre obtendrá con cada adquisición material una grande y poderosa adquisición espiritual. Mediante tal adquisición, implantará en su corazón la fe en la Providencia Divina. Mediante mucho pensamiento y la expresión verbal de los mismos, se arraigará en su interior la fe pura en la Providencia Divina.

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Hasta aquí hemos tratado los actos importantes, tales como adquisiciones mayores. Una vez logrado el hábito de meditar durante los actos importantes, nuestra avodá es habituarnos a hacerlo aún en los actos menores, como por ejemplo: una persona va a comprar comida para Shabat, acto mediante el cual se puede adquirir mucha fe. Por ejemplo: La persona levanta su mano para agarrar un paquete de fideos de la repisa, entonces, medita un poco y dice: "Esta repisa tiene decenas de paquetes. ¿Por qué específicamente llegó éste, y no otro a mi mano? Debe ser por alguna razón oculta, Tú decretaste que precisamente este paquete y no otro, llegara a mi mano".  Los detalles son numerosos, pero el principio fundamental es solo uno: la persona debe entrenarse (en cada cosa y cosa que compre) a enraizar en sí mismo fe en la Providencia Divina, como explicamos anteriormente. Una compra realizada de este modo nos permitirá "comprar", adquirir, fe de una gran manera.  Indudablemente, si la persona toma en serio esto y se acostumbra a hacerlo siempre, la fe se arraigará firmemente en su corazón. Debemos acostumbrarnos a vivir de este modo, mediante lo cual obtendremos una elevada y reverente adquisición: fe pura en Hashem y Su Providencia.

Debemos irnos acostumbrando durante el día de diferentes maneras. Otro ejemplo: Cuando nos sentamos a comer pan, debemos reflexionar en que específicamente este trozo de pan llegó a nuestra mano, y cuando nos lavamos las manos o bebemos, debemos pensar que todo nos llegó mediante la absoluta Providencia Divina.

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Por supuesto, no siempre podemos meditar cada detalle de nuestra vida, pero sí debemos esforzarnos por agregar constantemente detalles a nuestro conocimiento, poco a poco nuevas maneras y precauciones, hasta que los conceptos se fijen en nuestro corazón. La idea principal es que debemos escapar de la perspectiva superficial, en la cual la Mano y la Providencia de Hashem se ven únicamente durante milagros o actos sobrenaturales.  Mejor dicho, la persona debe ver a Hashem en cada detalle de su vida, hasta en el más mínimo, aunque este acontecimiento parezca formar parte de la naturaleza común. La verdadera fe es mucho más que simplemente contar historias de casos maravillosos, en los cuales se puede ver claramente la Mano de Hashem. Para estar espiritualmente vivos, debemos vivir constantemente con fe auténtica, quien vive de ese modo logrará un alto grado de dvekut a Hashem, siempre y cuando haya cumplido las condiciones anteriores, que es recordar la existencia de Hashem y el conocimiento de que Él creó cada cosa.

Debemos entender que aunque éste es un camino sencillo, es muy profundo. El yetzer hará puede engañar a la persona para que piense que esto es ridículo y simplista. Sin embargo,  cualquiera que haya alcanzado la santidad simple entenderá y sentirá la realidad de estas palabras. Hashem es llamado el D-s Oculto (Yeshayau 45:15). ¿Dónde Se oculta? En el corazón de la persona, quien debe trabajar para descubrir Su presencia en su corazón, lo cual se realiza mediante la simpleza y santidad completa. Si la persona es sabia, puede descubrir a Hashem en cada detalle de la creación, y  arrancar el velo de su corazón.

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Después de enseñar como inculcar en nuestro interior la simple y pura fe en la Providencia Divina, veremos como teniendo esta fe arraigada en el corazón se reducirá nuestro grado de enojo, el cual es, en realidad un instrumento de medición para la persona, mediante el cual se puede medir nuestro grado de fe en la Providencia Divina. Mientras más fe tengamos en Su Providencia, menor será nuestra tendencia al enojo  (todo esto depende de las diferentes naturalezas humanas, puesto que hay personas más fáciles de enojar que otras). Por lo tanto, si la persona quiere verificar si su trabajo ha producido fruto y la fe en la Providencia Divina ha entrado a su corazón, la manera es verificar su grado de enojo. En caso de que no se hayan producido cambios en sus reacciones y sigue enojándose como antes, no ha adquirido realmente fe en la Providencia Divina. Pero si su grado de enojo se está reduciendo, debe saber que ha adquirido fe en La Providencia Divina en la medida de su disminución.

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Presentaremos una breve introducción antes de explicar como inculcando fe podemos curar el enojo. Existe un principio general aplicable a toda avodá  verdadera, el cual es tanto general como específico a la cualidad del enojo. En todo proceso de avodá, la manera de corregir un rasgo  y dirigirlo a su debido estado es incluyendo a Hashem en el escenario. "Si Yo (Hashem) estoy aquí, entonces todo está aquí" (Sucá 53 a). Es decir, si Hashem está debidamente incluido en cualquier proceso, el caso será debidamente rectificado; porque cuando Hashem está verdaderamente presente en algún caso, éste será debidamente completado y corregido, sin que pueda interferir ningún mal, ni imperfección. Toda la avodá de la persona es colocar a Hashem en todo asunto de manera apropiada y correcta.

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Ahora trataremos sobre la cualidad del enojo, explicaremos como involucrar a Hashem en esta cualidad, y así curarlo.

¿Qué lleva a la persona a enojarse? Una respuesta simple es que cualquier cosa que contrarié nuestra voluntad nos enoja. Algunas veces, el enojo es muy débil, apenas perceptible; otras es fuerte, y muy manifiesto en el corazón; y otras,  es tan poderoso que se manifiesta externamente en el rostro.

Otro modo de entender la causa del enojo (esto está incluido en el primer aspecto, pero más específico) es cuando el honor de la persona es mancillado, se enoja porque cree que lo merece, y éste le ha sido arrebatado.

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En general, existen dos fuentes de enojo: (1) Cuando nuestros deseos son frustrados mediante eventos naturales, no por personas; y (2) cuando es ocasionado por otra persona. Demos algunos ejemplos.

Una persona emprende un viaje, y de repente, descubre que una llanta está pinchada, y no puede continuar manejando. Esto no fue causado por una persona.  La llanta, por naturaleza, se revienta al desgastarse. Este caso puede causar enojo en una persona porque tenía una cita con alguien a una hora determinada, y ahora no puede ir.  El enojo no puede descargarse en nadie, porque no fue causado por una persona. Si le preguntáramos: "¿Con quién estás enojado, con la llanta?" Respondería correctamente: "No estoy enojado con la llanta, sino por mi situación, porque no puedo satisfacer mis deseos y planes".  Aparentemente, su enojo no está dirigido a nadie en particular. (Más adelante, veremos que esto no es precisamente cierto).

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El segundo tipo de enojo ocurre cuando una persona le hace algo a otra, como cuando alguien le rompe un vidrio de la casa. Aquí, hay alguien a quien dirigir el enojo, el individuo específico que causó el daño. Por tanto, existen dos tipos de enojo: (1) Enojo sin un blanco claro, porque no hay con quien enojarse; y (2) enojo dirigido a la persona que causó el enojo.

Aunque en realidad si vemos en el fondo de las cosas todos los tipos de enojo son iguales. Aclararemos el asunto tan pronto la persona comprenda correctamente los fundamentos de la fe, y los tenga claros en su mente y en su corazón. Entenderá que en todos los casos que se genera el enojo el causante último siempre es Hashem.

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Comencemos  considerando el primer tipo de enojo, y luego, con la ayuda de Hashem, el segundo.

Una persona se despierta por la mañana, entra a su auto, viaja y luego de un tiempo, la llanta  se revienta. Si no reflexiona verdadera y profundamente, cuando se reviente la llanta, el enojo descansará naturalmente en su corazón, pero si vive de manera correcta, procederá de la siguiente manera: Cuando por la mañana entre a su auto, antes que nada pensará: ¿Quién me dio este auto? ¡Hashem! ¿De quién recibe su fuerza para moverse? Hashem da al auto la capacidad de moverse siempre (como explicamos antes que el versículo: "Con Su bondad, renueva cada día la creación", en tiempo presente).  Si esta es la actitud en su mente y corazón, entonces cuando el auto deje de funcionar por cualquier motivo, pensará de la siguiente manera: "Hasta ahora, ¿quién le dio al auto la capacidad de movilizarse? ¡Hashem! De ser así, si me enojo por mi incapacidad de usar este auto, eso realmente significa que me estoy enojando con Hashem, puesto que fue Él quien me privó de la posibilidad de movilizarme en este auto".

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Es bastante posible que la persona viva superficialmente y no tenga presente en su mente, cuanto y más en su corazón, que sólo Hashem le da la posibilidad de utilizar el auto en este momento, y no siente que sólo Hashem lo guía y acompaña en cada paso del camino. En tal caso, entonces, por supuesto, cuando tiene algún problema en la carretera, le resultará sumamente complicado de repente comenzar a pensar en Hashem y recordar que sólo Él lo guía. Esto se debe a que aún antes del problema, "el recordar a Hashem" no era el centro de sus pensamientos, por lo cual su enojo encuentra expresión. Sin embargo, cuando recordamos siempre que Hashem controla todo con supervisión individualizada, entonces aun cuando parezca que su viaje es infructuoso, y hay obstáculos en el camino, recordará en su mente y sentirá en su corazón que: sólo Hashem lo guió hasta ahora; y ahora, sólo Él se lo impide, sin que exista otra causa. Entenderemos que el impedimento actual proviene de Él.

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Tal historia está casi explícita en la Torá, la cual, por supuesto, no se refería a un auto, sino a una asna. Bilaam iba por su camino, cuando la asna se acostó, impidiéndole continuar, y creyó que se había detenido por voluntad de la asna,  lo cual no era en absoluto el caso. La asna no se detuvo por voluntad propia, sino a través de un malaj (ángel), mensajero de Hashem. En otras palabras, el hecho de que se detuvo y no continuó caminando fue el resultado directo de la voluntad de Hashem, pero Bilaam no entendió esto, entonces ¿con quién se enojó? ¡Con la asna! Después, cuando entendió que había sido obra de Hashem, supo que no tenía con quien enojarse.

Si la persona siempre pensara de este modo, sabría que no hay motivo para enojarse por cosas físicas, porque todo, absolutamente todo, sin excepción, viene de Hashem, y entenderá que si se enoja, es como si lo hiciera con Hashem, jas veshalom, y por supuesto, no querrá hacerlo. Sabrá que en todas la situaciones de la vida sólo está involucrado con el Creador, y enfocará su atención hacia Él, recordando con Quien está siempre involucrado. No prestará atención a los muchos intermediarios, sino a Quien está detrás de todo - el Mismo Hashem.

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Una vez que la persona está clara en su mente y corazón que cada acontecimiento viene sólo de Hashem, debe profundizar en ello.  ¿El acontecimiento en cuestión procede del amor que Hashem le tiene, o jas veshalom, del odio? Evidentemente, Hashem nos ama mucho a todos. Su amor va más allá del tipo de amor  que se encuentra en los seres creados, es un amor cuya esencia sólo puede encontrarse en el D-s Único. Por lo tanto, la persona puede convencerse de que el caso en cuestión le sucedió por supervisión de Hashem, como resultado de Su amor hacia él, y siendo que el caso que fue un acto de amor, con toda seguridad fue para beneficiarlo, aunque el beneficio y el amor no son manifiestos, debemos creer y entender en nuestra mente, y sentir en nuestro corazón de que lo sucedido fue debido al profundo amor de Hashem. Todo el acontecimiento fue sólo por su beneficio, aunque no comprenda la naturaleza del mismo.

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Después de que la persona está clara en su mente que todo lo que le sucede es totalmente un beneficio que procede del profundo amor de Hashem, no hay lugar para el enojo, pues éste se aplica cuando alguien ofende a una persona o trata de perjudicarla, etc. Sin embargo, si el acto es totalmente positivo, sin maldad, y producido por el profundo amor de Hashem, ¿dónde cabe el enojo?

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Resumamos lo antedicho. La primera etapa es que la persona sepa y sienta que sólo Hashem es el causante de cada acontecimiento, la segunda es que la persona sepa y sienta que Hashem lo ama mucho, y  la tercera es saber y sentir que Hashem es el único Que sabe lo que es mejor para la persona, y que si coloca a la persona en determinada situación, significa que su infinita sabiduría ha determinado que esa era la mejor manera de beneficiar a ese individuo en ese momento.

Algunas veces el yetzer hará engaña a la persona haciéndole pensar: "Cierto, esto fue todo por mi bien, pero ¿por qué Hashem no me beneficio de tal modo, que yo hubiese podido comprobar con mis propios ojos (ojos que solo pueden ver el bien material) que es bueno para mi?" Debemos creer, entender, y sentir que Hashem lo sabe todo. Su infinita sabiduría determinó que esa era la única manera de beneficiarlo en ese momento.

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Una vez que la persona ha internalizado eso, cada vez que le suceda algo, no se enojará. No sólo eso, sino que se alegrará de ello, como dijeron Jazal: "Aquellos que se regocijan con su sufrimiento" (Shabat 88b). Esto proviene del saber quien produce el evento, y porque me lo trajo a "mí". Cuando la persona entiende esto y lo siente con todo su corazón, no hay lugar para el enojo, sino sólo para alegría.  Si su corazón no está lleno de alegría, y con toda seguridad, si hay cabida para el enojo, su fe no es lo suficientemente clara y pura.

Esta es la avodá de la persona - inculcar esa fe en su corazón. El primer paso es meditar mucho en ello; el siguiente, hablar mucho de ello, una y otra vez, diciéndole a Hashem: "Yo se que este evento fue producido por ti, y sé que Me amas, y sé que este acontecimiento era totalmente beneficioso; permíteme sentir todo esto". La persona debe repetir esas palabras miles de veces, y aún más, hasta que realmente las sienta en lo más profundo de su corazón.

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Aunque la persona falle y se enoje, no debe preocuparse por ello. Sólo debe retroceder e inculcarse esa fe, miles de veces. Esto debe hacerse, tanto antes de que surjan algunas situaciones desagradables, como durante las mismas. Debe inculcar esas palabras en su corazón una y otra vez, sin vacilar o descorazonarse por los fracasos. Si continúa haciéndolo, aunque tropiece y se caiga, no se deprima, con toda seguridad Hashem le otorgará el privilegio de adquirir en su corazón la fe pura.

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Hasta este punto, hemos explicado como curar el enojo producido por un evento en el cual no ha intervenido otra persona. Ahora, con la ayuda de Hashem, explicaremos el enojo producido por la acción de otra persona. Ya explicamos que esto tiene un mayor grado de dificultad. Cuando no está involucrada otra persona, está claro que no podemos realmente enojarnos con la piedra que cayó o la llanta que estalló, o lo que fuese. Entendemos (que lo merecemos) que esto fue causado por Hashem. Pero cuando otra persona nos incita al enojo, pareciera que puesto que esa persona tiene libre albedrío, el suceso no fue decretado por Hashem, sino que provino del libre albedrío del individuo. Naturalmente, tendemos a enojarnos con ese individuo que eligió perjudicarnos o herirnos.

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Hubo un caso muy conocido que sucedió en el bet din (corte) del Bet HaLevi. Una vez alguien fue a consultarle algo sobre el kashrut (estado kasher) de un animal, el cual el Bet HaLevy dictaminó estar prohibido. La persona entendió y tranquilamente aceptó el veredicto, a pesar de la perdida financiera que le ocasionaba dicho dictamen. Algún tiempo después, esa misma persona se presentó ante el Bet HaLevi para resolver un pleito financiero entre él y otro hombre, después de que el Bet HaLevi emitió el fallo en su contra y a favor de su oponente, el hombre se enfureció. El Bet HaLevi comentó que aunque había perdido más dinero como consecuencia del primer dictamen, entonces no tenía con quien enojarse, porque el animal no era su contrincante. Pero en el segundo caso, tenía con quien combatir, lo cual suscitó sentimientos hostiles.

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Entonces vemos que hay dos asuntos involucrados cuando el enojo es causado por otra persona: (1) La creencia de que el otro individuo eligió perjudicarlo; y (2) el mismo hecho de que hay otra persona involucrada despierta sentimientos adversos contra él, debido a su orgullo y honor. Esto sólo puede corregirse mediante una fe clara y pura. Cuando la persona vive con verdadera fe, no importa si fue dañado por una piedra, agua,  persona, o cualquier otra cosa. Sólo la falta de claridad interior y de fe produce estas características que incitan al enojo.

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Encontramos en el Zohar que podemos aprender una lección del observar cuando un perro es golpeado con un palo, éste corre detrás del palo y trata de pelear con él. Esto se debe a que el perro no sabe que quien realmente lo golpeó no fue el palo, sino la persona que lo sostiene. Esto siempre es cierto. Siempre que la persona sirve de intermediario y produce un suceso, él es solamente el "palo" en las manos de Hashem. Debemos entender cuál es la fuente del golpe. ¿Es el palo, o Hashem? Algunas veces, este "palo" se presenta en forma de piedra, otras como agua, y otras como persona. Sin embargo, el común denominador es que comparten el origen del causante, que es únicamente Hashem.

Cuando David HaMelej fue maldecido, su reacción fue pensar: "Hashem le ordenó maldecir" (Shmuel II 16:10). Este es el fundamento de la fe - "Hashem le ordenó maldecir", y similarmente, Hashem le dijo que lo golpeara, Hashem le dijo que lo rompiera, Hashem le dijo que lo avergonzara. Aunque estos ejemplos no se hallan en el Tanaj, son suficientes para que el hombre sabio entienda y extraiga el mensaje de "Hashem le ordenó maldecir" y sabrá que la enseñanza proviene solo del "Hashem le ordenó".

124

Debemos entender el funcionamiento interno de la creación. El hombre puede  observarlo de dos maneras:

1) La creación está compuesta por objetos inanimados, plantas, animales y gente.  Esta es sólo una mirada superficial, porque la persona solo está viendo el aspecto externo de lo creado.

2) "Tú eres el Único antes de la creación del mundo, y Tú eres el Único ahora que ha sido creado". Si este conocimiento no tuviera ninguna función en nuestro servicio a Hashem, ¿por qué nos lo fue revelado por Jazal? Evidentemente, si Hashem quiso que cierto conocimiento fuese revelado al hombre, es porque iba a necesitarlo para su avodá. Esto aplica con respecto al planteamiento: "Tú eres el Único antes de la Creación del mundo, y Tú eres el Único ahora que ha sido creado". Aquí, Jazal nos revelan una nueva perspectiva sobre la Creación.  No sólo debemos ver los objetos inanimados, las plantas, los animales, y los seres humanos. "Ahora que ha sido creado" Debemos aprender a vivir aun después de la Creación con una perspectiva de "antes de que el mundo fuera creado". Esta es una visión más profunda de la vida, la cual proporciona una verdadera perspectiva a la esencia de los seres creados.

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La explicación es la siguiente: Cuando la persona ve un objeto inanimado, una planta, un animal, o un ser humano, como un ente separado, la cual es la perspectiva de después de la Creación - no importa cual sea su contacto, se relaciona con éste como un ente independiente. Esto puede llevarlo al enojo, pensar que determinada persona cometió una acción específica en su contra.  Pero si siempre tiene la perspectiva de "Tú eres el Único antes de que el mundo fue creado", encontrará a Hashem en todo. No visualiza el objeto inanimado como independiente, sino más bien siente en éste la presencia de Hashem, y lo mismo sucede con un animal, o el ser humano. Por lo tanto nunca va a tener ninguna interacción con nada en la creación que sea independiente, sólo con Hashem. Con esta perspectiva todo lo vemos como si fuera vestimentas de Hashem, y nosotros no nos relacionamos con la vestimenta "Creación", sino con el que la viste, "Hashem". Con todo los que nos relacionemos solo veremos a Hashem movilizando las cosas, y no hay ningún causante fuera de Él. Si vivimos la vida así, cambiando su perspectiva sobre las cosas; dejará su tipo de vida superficial (como creado) y se apegará a una vida más profunda (como el Creador).

Dejara por completo de tener contacto o relación con el mundo y se relaciona solo con Hashem, (este es el profundo mensaje que nos revelan nuestros sabios cuando Esther dijo: "Vendrá el Rey" (Meguilat Esther) se refirió  al Rey del mundo. Porque esta era su forma de vida, donde siempre vio a Hashem, en todas sus cosas, siempre se relacionó y hablo solo con Él).

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Debemos entender que esta perspectiva es la verdadera manera de ver a los seres creados. Al verlos como entes separados, su valor disminuye, porque la grandeza de algo se mide por su nivel de Santidad. Otras formas de valorar comúnmente empleadas en este mundo son definiciones provenientes del mundo de la falsedad. La verdad es que cada cosa es tan grande como la Santidad que refleja. Cuando vemos al objeto inanimado, planta, animal, y ser humano, según la perspectiva profunda de revelar la santidad que poseen los eleva del estado de creaciones corrientes a creaciones conectadas a Hashem, en las cuales existe una revelación de Santidad. Esta es toda la grandeza de cualquier ser: en que medida Hashem es visto y reflejado en él.

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La persona valiosa, que mira el mundo con la perspectiva de "antes de que el mundo fue creado" aún en "ahora que el mundo ha sido creado", puede acercarse y apegarse a Hashem mientras interactúa con cualquier cosa de la creación, ya que esta última no crea una barrera entre él y su Creador. Esto sucede cuando la persona retira mentalmente la forma externa del objeto y ve la presencia de Hashem en todo. (Nota: esto no significa relacionarse con la energía espiritual del objeto, sino con Hashem). Entonces, nunca estará conectado con los sucesos y actos de los seres creados; más bien, se dará cuenta de que nunca está en medio la mano de un ser creado. De este modo,  se desconectará emocionalmente de las creaciones, sus acciones y los resultados de estos últimos.  Además, al extraer su forma externa y descubrir su esencia interna, que es Hashem, la persona puede relacionarse con Él mediante cualquier cosa. Nos hemos extendido algo en esto, puesto que es una idea fundamental de vida interior y conexión con Hashem.

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Cuando la persona tiene el privilegio de entender e internalizar este concepto, logra una fuerte y poderosa unión con el Creador, pues no hay nada que lo separe de Él. Se relaciona con la esencia interna de cada cosa,  que es Hashem, y por lo tanto, la forma externa de las cosas no le impide el dvekut a su Creador.  Esta persona puede estar conectada a Hashem, no solo mientras estudia Torá y realiza mitzvot. Vive según el versículo: "Lo conocerás en todos tus caminos" (Mishlei 3:65)  Literalmente en todo lo que hace, conoce a Hashem (conoce en el sentido de conexión) y está apegado a Él. Esta es la avodá de la persona - rechazar el aspecto externo de las creaciones que ven sus ojos, y apegarse constantemente a la esencia interna, que es Hashem, lo cual involucra un conocimiento claro de la existencia y Providencia de Hashem, como explicamos anteriormente. Al adquirir este modo de vida, la persona se escapa del "Mundo de la Separación" para formar parte del mundo de Hashem: "Hashem es Uno y Su Nombre Uno". (Zacarías 14:9), convirtiéndose en "quien conoce Su Unidad". El propósito y punto final de esta etapa es dvekut total al Infinito. Cada persona debe esforzarse en lograrlo al máximo de su posibilidad.

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Una vez que la persona ha llegado al nivel de tener una fe fuerte, y ve y siente la guía de Hashem en todo lo que hace, es conveniente que entre al mundo de la tefilá (plegaria). Intencionalmente utilizamos aquí el término "mundo", debido a que la tefilá no es sólo una cuestión de tres rezos diarios. Por el contrario, la persona debe entrar al mundo de la tefilá, ya que con ésta, la vida es un tipo de existencia totalmente diferente. David HaMelej dijo: "y yo soy tefilá". (Tehilim 109:4). Su alma estaba constantemente en un proceso de tefilá, vivía en ese mundo. Cuando la persona vive en el mundo de la tefilá, no dejará transcurrir ni quince minutos sin que se dirija al Creador en plegaria, bien sea mental o verbalmente. Lo primero que debemos entender es que la tefilá es un modo de vida totalmente distinto, no sólo un detalle que se aplica en momentos específicos del día.

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Expliquemos el asunto: Un judío sincero vive con Hashem todo el día, su Torá está con Hashem, sus mitzvot están con Hashem, y así por el estilo. La tefilá es el punto de unión de la persona con Hashem  a lo largo del día. El verdadero propósito de la tefilá es poner a la persona en un estado de estar siempre cerca de Hashem. Cuando entendemos que este es el propósito de la tefilá, está claro que ésta no se limita a tres o cuatro veces por día. Si ese fuese el caso, faltaría el punto principal de la tefilá - conexión constante con Hashem, Si sólo se realiza durante una pequeña parte del día, ¿cómo puede producir una unión que dure todo el día? Indudablemente, el proceso de la tefilá debe durar todo el día (según el método que describiremos más adelante). Fue sobre esto que David HaMelej dijo: "y yo soy tefilá". Todo su ser y su tiempo, estaba involucrado con la tefilá.

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Expliquemos: Si la persona no recuerda a Hashem durante el día, ¿cómo puede dirigirse a Él constantemente? Si ni siquiera se acuerda de Hashem, con toda seguridad no le está rezando. Por lo tanto, está claro que antes que nada, la persona debe pensar en Hashem durante todo el día, como explicamos antes detalladamente. Además, aunque la persona piense en Hashem, pero no recuerda Su Providencia constante sobre cada cosa en cada momento sin excepción, ¿para qué habrá de dirigirse a Él, para pedirle ayuda? Después de todo, actualmente no recuerda, ni siente que Hashem es la única fuente de ayuda en todas las áreas. Por lo tanto, está claro que para vivir con el sentido de "y yo soy tefilá", antes debe existir un conocimiento constante del Creador, y recordar siempre que "este Palacio tiene un Gerente" (Bereshit Raba 39:1), que es el único Amo sobre cada uno de los detalles.

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Cuando la persona pasa el día pensando y sintiendo que en todo lo que hace, su éxito o fracaso dependen únicamente de Hashem, su mente o boca le elevará una plegaria para que Hashem le conceda éxito en su propósito, ya sea antes de realizar cualquier acto y  aún durante el mismo, como por ejemplo: Una persona viene a rezar Shajarit (Plegaria de la Mañana). Por muchos años de experiencia sabemos cuan difícil es rezarla con la debida concentración. ¿Quién puede ayudarlo?, por supuesto, debemos tratar al máximo de nuestra capacidad mantener la debida concentración, pero sin la ayuda de Hashem, no tendrá absolutamente ningún éxito. Jazal nos dijeron: "Todos los días, el yetzer hará se interpone entre nosotros, y sin la ayuda de Hashem, no podremos vencerlo". Vemos que la persona no puede lograr pensamientos propios en su plegaria. ¿Quién puede ayudarlo? ¡Sólo Hashem! La persona sabia, se dirigirá a Hashem y Le rogará para que le conceda el mérito de rezar con la debida concentración. Igualmente, si durante la tefilá, encuentra dificultades, debe hacer una pequeña pausa y pedirle (dependiendo de la situación, bien sea mental o verbalmente) a Hashem que lo ayude a fin de que pueda continuar rezando correctamente.

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He aquí otro ejemplo: Cuando la persone se sienta a estudiar Torá, debe entender que sin la ayuda de Hashem, no podrá captar la verdad. La Torá es más elevada que el intelecto humano, y en los sefarim hakedoshim es llamada "intelecto separado", debido a que está separada y elevada sobre el intelecto humano. Por lo tanto, está claro que no hay manera de que el intelecto humano entienda la profundidad de la verdad interna de la Torá. Siendo ese el caso, ¿Cómo podemos esperar entender debidamente la santa Torá? Esto solo puede suceder con la ayuda de Hashem: "Por cuanto el Eterno otorga sabiduría. De su boca sale el conocimiento y la inteligencia" (Mishlei 2:6). Esta es la única manera posible que la persona pueda captar y entender la verdad de nuestra santa Torá. Por lo tanto, puesto que la persona entiende que mediante su propia capacidad, no puede entender la Torá, y el éxito sólo viene a través de la ayuda de Hashem, debe volcar su corazón en plegaría a Hashem en su propio idioma, pidiéndole que le conceda el mérito de captar y descubrir la verdad de nuestra santa Torá. Antes que la persona comience a estudiar, debe rogarle a Hashem que le permita entender debidamente la santa Torá. También, mientras estudia, cada vez que se enfrenta con una pregunta o algo que no entiende, instintivamente debe dirigirse a Hashem y rogarle que le conceda el mérito de entender el asunto en cuestión. Cuando la persona estudia de ese modo, aun cuando estudia Torá se apega a Hashem, y su Torá y su tefilá se interrelacionan. Si no lo hace, sino más bien se olvida de Hashem por estar inmerso en sus estudios, existe el peligro de que al terminar su sesión de estudios, jas veshalom, se olvide de Hashem. Por lo tanto, la manera correcta de estudiar Torá es como explicamos anteriormente. De este modo, tanto él como su Torá estarán apegados a Hashem, y no, jas veshalom, lo contrario.

Este no es un concepto totalmente nuevo, era la práctica de nuestro maestro, el Jazón Ish, según fue escrito en su biografía. Cada vez que se le presentaba alguna pregunta o algo difícil de entender, solía ir a la esquina del cuarto, y derramaba su corazón rezándole a Hashem, pidiéndole que pudiera entender el asunto correctamente. Por supuesto, nosotros no tenemos que ir a la esquina, como lo hacía el Jazón Ish. Cada persona debe actuar según las necesidades de su alma. Sin duda alguna, podemos hacer esto delante del libro, dirigiéndonos a Hashem mental o verbalmente (el valor de la plegaria mental es un concepto muy profundo, y aquí no podemos ampliarlo), pidiendo Su ayuda para entender la santa Torá.

Como comentario al margen, aparte de la tefilá durante el estudio, lo cual como dijimos puede unir a la persona a Hashem, cada vez que tenga el privilegio de entender un Tosafot o similar, debe agradecer brevemente a Hashem al terminar. Podría decir: "Amo del Mundo, te agradezco mucho por haberme permitido entender este Tosafot". Así, se apegará a Hashem todo el tiempo que esté estudiando. Esta es una magnifica sugerencia para estar siempre en dvekut a Hashem. La persona debe acostumbrarse a pedirle a Hashem entender su estudio; antes, durante y después, y además debe pedirle que recuerde lo estudiado y tenga el mérito de estudiar en el futuro. Si la persona tiene el mérito de hacer esto con regularidad, logrará algo realmente grande, con la ayuda de Hashem. Entenderá, tanto la santa Torá como el dvekut que viene con ella.

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He aquí otro ejemplo: Una persona va a comprar una mesa, sillas, y similares. Ya señalamos que antes y durante la compra, debemos tener la fe de que Hashem ya decidió que artículo comprará.  Adicionalmente, antes de comprar cualquiera de ese tipo de objetos, debemos dirigirnos a Hashem y expresarle todos nuestros pensamientos - que le falta una mesa, y quiere comprar una, y va a tratar de encontrar una en determinada tienda, etc. Debe nombrar cada uno de los detalles ante Hashem. Luego, debe pedirle a Hashem que lo guíe en la dirección correcta, de manera que compre la mesa apropiada, sin muchos problemas, guardarse de mirar cosas indebidas en el camino, y todos los aspectos correspondientes a la compra de dicha mesa. Es decir, debe contar a Hashem todos los detalles del asunto, y pedirle ayuda en todos los detalles pertinentes.

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Quien sirve a Hashem entenderá que estos son sólo ejemplos, pero en realidad, la persona debe entrenarse gradualmente a rezar para tener éxito en todas sus actividades (pero "quien mucho abarca, poco aprieta". [Ioma 80 a] De todos modos, es inútil abarcar mucho de una vez, porque este es un asunto del corazón, y éste no puede cambiar de repente). Esto incluye reparar un objeto roto, o preparar comida, o viajar a algún lugar con necesidad de llegar a determinada hora, o ir a comprar cualquier objeto, o encontrar un compañero de estudios, o cualquier cosa. Entonces, nos acostumbraremos a rezar a Hashem, bien sea mental o verbalmente constantemente para pedirle cualquier necesidad. De este modo, tendrá el privilegio de unirse a la Principal Fuente de Vida - Hashem. Este es un consejo maravilloso.

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Debemos saber que aunque la tefilá es capaz de ayudar a mujeres estériles, curar a los enfermos, y traer abundancia y bendiciones, tanto materiales (sustento y lluvias) como espirituales, y es un medio para lograr todo lo bueno, todos estos beneficios son inherentes a la esencia interna principal de la tefilá.  La principal grandeza interna de la tefilá es que mediante ésta, podemos unirnos y apegarnos a la Principal Fuente de Vida - Hashem. Cuando rezamos para obtener determinada cosa, bien sea espiritual o material, la persona debe tener en mente el punto principal de su plegaria. Este es realmente todo el secreto de la vida - siempre recordar que es primario y qué es fortuito, y siempre buscar la manera de lograr cercanía a Hashem mediante cualquier cosa y situación. Todo lo demás es fortuito y secundario al aspecto de cercanía y dvekut a Hashem. Esto es especialmente cierto con la tefilá, que es esencialmente comunicación con Hashem, conexión a Él, cercanía a Él y dvekut a Él. La avodá de la persona es no perder concentración por el asunto que pide en la tefilá, sino más bien concentrarse en la esencia de ésta, que es la comunicación y la cercanía con Hashem.

La palabra tefilá esta basada en el versículo: "Naftulei Elokim Niftalti" ("He estado apegado a Hashem") (Bereshit 30:8), que se refiere a dvekut, como escriben los sefarim hakedoshim. Esta es toda la esencia interna de la tefilá - conexión y dvekut a Hashem.

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Cuando la persona reza y habla a su Creador, existen dos posibilidades: (1) Hablar a Hashem en tercera persona, diciendo "Él". (2) Hablar con Hashem en segunda persona, diciendo "Tú". De hecho, la manera ideal de rezar es usando la segunda persona. Aunque esto pueda ser difícil al principio, porque el alma no siente la presencia de Hashem, la persona debe acostumbrarse a ello. Con el tiempo, poco a poco, Hashem le otorgará el privilegio de sentir que Él está cerca. Esto también debe hacerse por etapas. Al comienzo, debemos hablar principalmente en tercera persona, usando la palabra "Él", y ocasionalmente usar la segunda persona. Gradualmente, a medida que se siente preparado para decir "Tú", debe ampliar su uso, hasta que todas sus palabras estén en comunicación directa con Hashem, y tenga el privilegio de sentir que su Creador está cerca de él. Esta avodá es el punto interno de la vida. Todo el propósito de la vida del hombre en este mundo es vivir con su Creador, y sentir que Hashem está realmente a su lado. Esto, de hecho, es uno de los niveles más difíciles de alcanzar. Como dice el Ramjal (Mesilat Yesharim, cap. 19), los sentidos contradicen esta realidad. Pero cuando la persona se acostumbra gradualmente a obtenerla, con toda seguridad Hashem lo ayudará hasta que realmente sienta que está a su lado, y que puede hablar a su Creador "como quien habla con un amigo" (ibid.). Al comienzo, esto podría parecer difícil, pero si la persona se acostumbra de manera que esté centrada en Hashem y le hable durante el día, será mucho más fácil. Crecerá en esta elevada avodá de sentir que Hashem está cerca y le hablará siempre como a un amigo. Esto se convertirá en algo muy simple y natural. Esta era la práctica de los grandes rabinos de todas las generaciones, sentían realmente que Hashem estaba a su lado.

 
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